El efecto Pigmalión
Posted by Ana Varik in Coaching, Liderazgo
Un equipo funciona tan bien como tú y el grupo considera que pueden lograrlo. Esta idea es conocida como “la profecía auto cumplida”. Cuando tú crees que el equipo llevara a cabo esa tarea, ellos lo realizaran, pero si tú consideras que algo no funciona bien, no lo harán.
No hay suficientes datos experimentales que sugieran que la profecía auto cumplida sea cierta. Un experimento poco usual, fue realizado en 1911 con un caballo muy listo que se llamaba Hans. Este caballo tenía la reputación de ser capaz de sumar, multiplicar, restar y dividir tocando las respuestas con sus pezuñas. Lo extraordinario era que lo podía hacer sin que su entrenador este presente. Solo necesitaba que alguien le hiciera las preguntas.
En la investigación, se constato que cuando el interlocutor sabía la respuesta, él o ella le transmitían varias pistas con un lenguaje sutil al cuerpo de Hans, como podía ser la elevación de las cejas o la dilatación de las fosas nasales. Hans simplemente miraba esas pistas y golpeaba hasta llegar a la respuesta correcta. La pregunta tenía una respuesta y Hans se sentía obligado.
En la misma línea, se realizo un experimento en una escuela británica con una nueva promoción de alumnos. Al comienzo de año, se les dio a los alumnos una lista de calificaciones que iban desde “excelentes perspectivas” a “improbable que lo hagan bien”. Estas puntuaciones eran totalmente arbitrarias y reflejaba lo bien que los alumnos realizaban sus tareas. Estas calificaciones fueron impartidas a los maestros. Al final del año, los encargados de este experimento, compararon el rendimiento de los alumnos con sus calificaciones. A pesar de que sus capacidades eran reales, hubo una correlación sorprendente alta entre el rendimiento y la valoración de los mismos. Esto demostró que las personas realizan las tareas como esperamos que las hagan.
La profecía auto cumplida es conocida como el Efecto Pigmalión. Esto proviene del cuento de Ovidio llamado Pigmalión, un escultor y príncipe de Chipre, que creó un estatua de marfil de su mujer ideal. Su obra fue llamada Galatea, que era la imagen de una hermosa mujer de la cual él se enamoro inmediatamente. Le pidió a la diosa Afrodita que le diera vida a su estatua y de esa forma poder hacerla suya. Afrodita le concedió su deseo, la estatua tomo vida, la pareja se caso y vivieron felices para siempre.
La historia fue también la base del juego de George Bernard Shaw en “Pigmalión”, que mas tarde fue convertido en un musical “My Fair Lady”. En la obra, el profesor Henry Higgins afirmaba que podía tomar una de las niñas floristas, Eliza Doolittle, y convertirla en una duquesa. Pero como señalaba la propia Elisa a un Amigo suyo, Higgins Pickering, no es lo que se aprende lo que determina que una persona se convierta en una duquesa, sino como es tratada.
“La diferencia entre una dama y una niña de las flores no es su comportamiento, sino como realmente la trata el medio que la rodea. Siempre seré una florista para el profesor Higgings porque me trata como una niña de las flores, y siempre será así, pero sé que puedo ser una mujer porque tú me tratas como una dama, y siempre lo harás.”
La implicancia del efecto Pigmalión en los directivos y los gerentes es masiva. Esto significa que el rendimiento del equipo no depende de ellos sino de lo que tú haces. El rendimiento que obtendrás de las personas se relaciona directamente de lo que esperas de ellas, lo que significa que siempre debes esperar lo mejor de ellos. Como dijo Goethe “trata a un hombre como él es y seguirá siendo como es. Trata a un hombre como él puede y debe ser y se convertirá en lo que puede y debe ser.”















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